Los participantes en la reunión centroamericana del post- CAM2/COMLA7,
celebrada en la ciudad de Guatemala los días 19 al 21 de abril del 2004,
representando los seis países del área, nos hemos hecho eco de algunos
comentarios y observaciones sobre el Plan de Misión Ad Gentes. Es conocido
de todos que este proyecto lo hemos venido trabajando desde la fase
preparatoria del CAM2-COMLA7 y lo consideramos fruto maduro del año Santo
Misionero y herencia del Congreso.
En este encuentro hemos recogido las expectativas que está generando el Plan
y nos hemos comprometido a seguir trabajando, con alegría y esperanza, en la
misión de la Iglesia y en su implementación en nuestras respectivas
Iglesias particulares.
Descubrimos muchos signos de esperanza frente al despertar de la conciencia
misionera de los agentes de pastoral, especialmente de los laicos y laicas.
Este hecho, nos hace pensar en que finalmente, "la hora de la misión" ha
llegado para nuestras Iglesias particulares.
Constatamos que a pesar del inmenso valor pastoral de dicho Plan para el
futuro de la misión Ad Gentes en América Central, ha sido poco divulgado y
en consecuencia no es conocido por el Pueblo de Dios ni por los numerosos
agentes de pastoral.
Este desconocimiento exige la necesidad de poner mayor interés para
difundirlo. La presidencia del SEDAC que ha asumido el plan, nos lo remite
nuevamente, para una reflexión y clarificación, lo que va a favorecer la
realización de este Proyecto Misionero Ad Gentes de América Central.
Una vez más percibimos la necesidad de clarificar el término Misión Ad
Gentes, definiendo su identidad propia según las orientaciones doctrinales
planteadas en Redemptoris Missio y Cooperatio Missionalis, para que no
quede diluida como una actividad pastoral más, dentro de la misión de la
Iglesia. En efecto, la misión ad gentes, dirigida a los que nunca han
escuchado hablar de Jesucristo, "se caracteriza por anunciar a Cristo y su
Evangelio, la edificación de la Iglesia local y las promoción de los valores
del Reino"
En el Plan de Misión que hemos estado trabajando, el Centro Misionero Ad
Gentes, se perfila con amplias perspectivas a nivel centroamericano,
especialmente para los laicos, sin duda esto viene provocado por la novedad
y la trascendencia de dicho proyecto. Los demás programas, sin perder su
importancia, dependerán de la creatividad y entusiasmo de las Iglesias
locales dando respuesta a su creciente compromiso con la misión universal.
No obstante, valoramos el Plan en su totalidad.
El Plan, sin duda alguna, promoverá la responsabilidad de la Iglesia
particular en la misión ad gentes, como anuncio del Evangelio de la vida,
desde la pequeñez, pobreza y martirio; tarea con la cual todos y todas nos
sentimos identificados.
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